Álex Céspedes
Amo actuar. Descubro el teatro en plena adolescencia. Me agarré a él como a un clavo ardiendo. Mi sed de intensidad vital y mis ganas de ser visto me empujaron a subirme a un escenario. Quería sentir la vida. Disfruté como nunca y me sentía libre. Desde entonces le seguí la pista y más tarde empecé a formar parte de la compañía universitaria Paradigma. Allí se acabó de consolidar mi amor y vocación, conocí a mi primer maestro y con él aprendí a vivir el teatro como un lugar de cuestionamiento, revisión y experimentación, un lugar para romper con lo establecido y buscar nuevas maneras de mirar. Fueron años de salir a la calle, experimentar, y arriesgar con nuevos lenguajes que nos permitieran expresar nuestro descontento y nuestra visión crítica ante el mundo. Éramos muy jóvenes y la compañía acabó disolviéndose. Entonces sobrevino mi primera crisis personal, tuve la fortuna de que ocurrió cuando era muy joven. A través de ella me di cuenta que lo único que había permanecido intacto cuando todo lo demás se derrumbaba era mi amor al teatro. Me fíe de ello y comencé a formarme como actor profesional en el Estudio de Corazza para la actuación. Fueron años intensos, de mucha inspiración y siempre guardaré en mi corazón todo lo que aprendí con los maestros y maestras que conocí allí. Más tarde y no sin cierta zozobra descubrí que para mi era más importante la salud y el crecimiento que la ambición en la profesión, al fin y al cabo el teatro siempre llegó a mi como asidero en momentos difíciles y de alguna manera lo único que era capaz de calmarme era el poder acercarme a él. De alguna manera yo fui testigo ante mí mismo de una verdad inquebrantable y que a día de hoy me acompaña y guardo en mi corazón como un tesoro. El teatro me había salvado, este hecho era lo más importante para mí. Más allá de mis logros como actor o mis frutraciones, mi búsqueda empezó a cobrar forma y a tener sentido. Comienza entonces una segunda etapa en la que me oriento más hacia el mundo terapéutico y empiezo a realizar talleres de teatro para distintos colectivos con la idea de acercar lo beneficioso que yo había encontrado en el teatro a estos grupos y comunidades. Surge El Candil como crisol y contexto para realizar estos talleres de carácter integrador y comienzo mi formación en La Canoa de Papel-Teatro Gestalt, para mi, otro gran punto de inflexión. A través de la formación que recibí en La Canoa de papel se fue consolidando más mi búsqueda y esto me llevó a empezar mi formación en la Escuela madrileña de Terapia Gestalt y seguir buscando una manera más personal y plena de vivirme, a medio caballo entre lo teatral y terapéutico. Lo cierto es que cada vez lo diferencio menos. A día de hoy sigo alimentando mi parte más vocacional y artística con creaciones propias y otros proyectos, sigo actuando, buscando, luchando y disfrutando, llorando, riendo y amando mi vocación. Por un lado sigo creando y buscando proyectos que me interesen para trabajar como actor, llamando a las puertas de lo que pueda surgir. Por el otro, sigo expandiéndome realizando talleres de teatro en distintos ámbitos y comunidades, caminando a doble compás.